PDF Print E-mail

¡Bienvenido a la familia de Dios!


creciendoComo toda relación necesita ser cultivada, te sugerimos los siguientes pasos de adoración para crecer en Cristo, tu Salvador y Señor.


Atesora la Palabra de Dios: Lee la Biblia como tu alimento espiritual diario. “Mas bien busquen todo lo que sea bueno y ayude a su espíritu, así como los niños recién nacidos buscan desesperadamente la leche de su madre…” (1 Pedro 2:2).


Mantén las líneas de comunicación activas y abiertas con Dios: la oración es el vehículo por el cual también nos comunicamos con Dios y a la vez, escuchamos a Dios. “Dios mío, tú eres mi Dios. Con ansias te busco desde que amanece, como quien busca una fuente en el más ardiente desierto” (Salmo 63:1).


Congrégate. Asiste regularmente a una iglesia que honre a Jesucristo y te enseñe la Biblia. “…no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).


Practica la confesión de pecados. El hecho de que hemos aceptado al Señor Jesús como Salvador no significa que viviremos una vida sin pecado. Mas en tu debilidad, Cristo es fuerte y suficiente. El arrepentimiento ante Dios mantendrá una relación con Él pura, auténtica y consistente. “Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).


Comparte. Conéctate a otros cristianos que te puedan apoyar, acompañar, orar por ti y ayudarte a crecer en la fe. Este ejercicio, si es recíproco (tú hacia ellos), traerá sanidad y fortaleza a tu vida. “Les anunciamos, pues, lo que hemos visto y oído, para que ustedes estén unidos con nosotros, como nosotros estamos unidos con Dios el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3).


Testifica. Diles a otros lo que Cristo ha hecho por ti y lo que significa para ti. Esta capacidad para hacerlo vendrá de la misma presencia de Cristo en tu vida, el Espíritu Santo, que viene a morar en la vida de cada creyente. “Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí…” (Hechos 1:8).