| Siguiendo a Cristo |
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“Todos los caminos conducen a Dios”... Este es un pensamiento muy común en nuestros tiempos pero no es lo que Dios ha dicho en su Palabra, la Biblia. Jesús, el Hijo de Dios, dijo, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida y nadie viene al Padre (Dios) sino es por mí” [Juan 14:6]. La razón por la cual Jesús pudo declarar esto con tanta convicción es porque Él entregaría su vida por la humanidad. Jesús vino a cumplir con la justicia de Dios para pagar por los pecados de una creación humana que se había separado de Él para vivir en total independencia. Jesús vio esta movida humana pues Él es el infinito Dios-Hombre: “En el principio ya existía la Palabra (Jesús)…y la Palabra (Jesús) era Dios. Aquel que es la Palabra (Jesús) se hizo hombre y vivió entre nosotros” [Juan 1:1,14]. Por tanto, Dios se hizo carne (Jesús), vino a la tierra y vivió una vida sin pecado. Mientras estaba en el mundo, Jesús proclamó su misión de edificación, restauración y renovación: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor” [Lucas 4:18-19 VP]. Luego dio su vida entera en una cruz para pagar por nuestros pecados, y en completa aceptación de su sacrificio, Jesús fue resucitado de la tumba al tercer día. Ahora, todo aquel que en Jesús cree (fe), tendrá la vida eterna como regalo de Dios. Y no tan solo vida eterna tendrá en el cielo sino que esta vida presente la vivirá con propósito y en abundancia. ¡Esto si que es razón para celebrar! Ven al único camino de la vida abundante y salvación: Jesucristo. Sigue a Cristo tomando estos siguientes pasos:
Dios dijo, “clama a mí y yo te responderé”: Ante el Dios y Creador presenta tu clamor, admitiendo tu necesidad, transfiriendo tu confianza total en Cristo para la salvación e invitándolo a ser tu Salvador. Puedes decir esta siguiente oración ahora mismo: Dios, Creo en tu Hijo Jesucristo como el Salvador del mundo. Lo recibo en mi vida ahora mismo. Admito mi necesidad: soy un pecador y necesito a un Salvador. Yo no puedo hacer nada para ganarme tu amor y pagar por tu justicia; ya me habías amado y pagaste el precio. Por eso vengo a ti, transfiriendo mi confianza a Jesús, el que murió por mis pecados y se levantó de entre los muertos para darme vida eterna. Solo en Cristo confío para la vida eterna. Te invito, Jesús; hay lugar para ti en mi corazón. Gracias, Señor. Amén. [Si esta oración ha sido el deseo sincero de tu corazón, puedes confiar en las palabras de Jesús: “Les aseguro que el que cree en mí tendrá vida eterna” Juan 6:47]. Si tomaste una decisión por Cristo, compártela con nosotros. Contáctenos. Para continuar tu jornada con Cristo, ve a la sección de “Creciendo en Cristo”. |
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